El blanco de una de sus madres
Dos especies sudamericanas dieron origen a las petunias de balcón: la violeta Petunia integrifolia y la blanca Petunia axillaris. El blanco, por tanto, no es un capricho de los viveros, sino el color de uno de los progenitores. Las variedades actuales, eso sí, son híbridos, con flores en embudo y hojas y tallos algo pegajosos al tacto.
En el lenguaje de las flores el blanco se asocia a la pureza, y una jardinera de petunias blancas transmite calma, más aún combinada con hojas verdes oscuras.
Un buen recurso para zonas sombrías
Lo blanco se ve cuando la luz cae. En un patio interior, junto a una pared oscura o a un portal con poca luz de tarde, las flores claras siguen destacando al anochecer, cuando las de colores oscuros se pierden.
Pero ojo: la petunia necesita sol. Con menos de cinco o seis horas directas al día los tallos se estiran y florece poco. Lo ideal es un balcón orientado al sur o al oeste, con tiesto amplio.
Cuidados para un verano largo
- Riega a fondo cuando el sustrato se seque; un tiesto grande tarda más en secarse.
- Abona cada pocas semanas durante el crecimiento.
- Retira las flores marchitas, que en el blanco se ven enseguida porque amarronan.
- Si en agosto parece despeinada, poda los tallos a la mitad y volverá a florecer.
Las heladas la matan, así que en zonas frías planta cuando hayan pasado. Con lluvias frecuentes, como en Galicia o la cornisa cantábrica, las flores blancas se manchan: elige tipos multiflora y retira los pétalos sucios.
Mascotas
La ASPCA clasifica la petunia como no tóxica para perros, gatos y caballos.