Un lirio verdadero, con muchos nombres
Los lirios verdaderos pertenecen al género Lilium, que reúne unas cien especies de las zonas templadas del hemisferio norte. Cada planta brota de un bulbo hecho de escamas carnosas, y la flor tiene seis tépalos y seis estambres. En castellano también se les llama azucenas, aunque en el habla corriente "azucena" suele designar a la blanca, Lilium candidum.
Las calas, los espatifilos y los lirios de día se parecen en el nombre, pero son otras plantas.
De dónde viene el naranja
Casi todos los lirios naranjas que se ven en ramos son híbridos asiáticos. Se caracterizan por florecer antes que los demás y por tener poco perfume, algo útil si el salón es pequeño. En Europa hay además una especie silvestre de color anaranjado, Lilium bulbiferum. Y sin salir de España, en los Pirineos vive el lirio de los Pirineos (Lilium pyrenaicum), de flores amarillas, naranjas o rojizas y de olor poco agradable.
Del bulbo al jarrón
Entierra el bulbo a una profundidad parecida a tres veces su altura, en un sitio con sol o media sombra y con tierra que drene bien: el agua estancada lo pudre. En la Meseta, donde las heladas son duras, una capa de hojas secas protege el bulbo durante el invierno. En el sur y en el Levante conviene darle sombra en las horas centrales del verano, porque con calor extremo la flor se quema y dura poco.
Como flor cortada aguanta entre diez y catorce días, porque los capullos se abren uno tras otro. Corta los tallos en diagonal, quita las hojas que quedarían bajo el agua y retira las anteras antes de que suelten el polen: mancha la ropa y los manteles.
Un aviso para quien tenga gato
La FDA de Estados Unidos advierte de que los lirios verdaderos pueden causar insuficiencia renal aguda en los gatos. El peligro afecta a toda la planta, también al polen y al agua del jarrón. Si en casa hay un gato, elige otra flor; ante cualquier sospecha, llama enseguida a tu veterinario.