Un blanco que no cambia
La mayor peculiaridad de la hortensia blanca es que no reacciona al suelo. Mientras las rosas, rojas o azules cambian según el pH, las blancas de Hydrangea macrophylla conservan su color en cualquier tierra. Si buscas un efecto limpio sin sorpresas, es la opción más previsible. Muchas variedades abren en verde lima o crema y se vuelven blancas al madurar, y hacia el otoño toman un tono rosado o verdoso.
Una variedad clásica de flor grande es 'Madame Emile Mouillère'. Con el tiempo es normal que los pétalos se tiñan de beige.
En bodas y celebraciones
El blanco pide volumen. Una hortensia blanca llena por sí sola un jarrón, de ahí que sea la favorita para bodas, bautizos y comuniones de finales de primavera y verano. Queda bien con ramas verdes, eucalipto o rosas crema.
- Corta el tallo en diagonal y quita las hojas inferiores.
- Si la cabeza se ve decaída, sumérgela en agua fría un buen rato.
- Mantenla lejos del sol directo y de la fruta madura.
- En el jarrón dura entre tres y siete días.
En el jardín o la terraza
Prefiere semisombra y riego frecuente. Un blanco puro luce mucho en un rincón umbrío, donde el sol de la tarde no quema los bordes. En la Meseta o el sur conviene regar a diario en verano y cubrir la tierra con corteza para conservar la humedad.
Seguridad
La hortensia contiene un glucósido cianogénico, y la ASPCA la clasifica como tóxica para perros, gatos y caballos. Basta con que tu mascota mordisquee las hojas para provocar vómitos y diarrea. No dejes ramos al alcance de niños pequeños ni de animales.