La azucena, el lirio blanco por excelencia
Lilium candidum es una planta bulbosa de origen mediterráneo y de Asia occidental. Sus tallos erguidos pueden alcanzar un metro y terminan en grandes flores en forma de trompeta, de un blanco puro y con estambres amarillos. Despide un perfume dulce e intenso en primavera y verano. La palabra "azucena" llegó al castellano a través del árabe andalusí, y la blancura de la flor la ha convertido tradicionalmente en símbolo de pureza.
Otros lirios blancos
En floristería abundan también los híbridos orientales blancos, de flor grande y fragancia fuerte. Se distinguen de la azucena por su porte más robusto y su floración en pleno verano. Si el perfume te resulta demasiado, los híbridos asiáticos de color claro son más discretos. En el monte del norte peninsular crece además el lirio martagón (Lilium martagon), una azucena silvestre de flores rosadas, con lo que conviene no confundir el blanco de jardín con las especies de bosque.
Cómo cultivarlo
La azucena tiene una peculiaridad: mantiene durante el invierno una roseta de hojas en la base, así que no se comporta como otros lirios que desaparecen por completo. Plántala cerca de la superficie y con sol, en suelo suelto. Evita los encharcamientos y, en zonas muy húmedas como Galicia o el Cantábrico, vigila que el suelo no se empape durante semanas.
En el jarrón, quita los estambres para que el polen no ensucie los pétalos blancos, que son los primeros en marcarse.
Cuidado con los gatos
Los lirios verdaderos son peligrosos para los gatos: según la FDA, pueden provocar insuficiencia renal aguda con solo lamer el polen o beber el agua del jarrón. Si convives con un felino, renuncia a este ramo. Si sospechas que ha mordisqueado una flor, acude cuanto antes al veterinario.