Un género entero detrás de un nombre
Cuando alguien busca una rosa clásica suele pensar en la flor de siempre: muchos pétalos que se abren en copa, perfume marcado y un tallo con espinas. En realidad, el género Rosa reúne alrededor de un centenar de especies, casi todas de origen asiático, y de él han salido más de 30 000 cultivares obtenidos por cruce.
Por eso no hay una única rosa tradicional: hay cientos de formas y colores que comparten esa silueta reconocible.
De la gabarrera al rosal de jardín
En el campo español lo que más se ve es el rosal silvestre, también llamado gabarrera (Rosa canina). Sus frutos rojos, los escaramujos, se aprovechan en infusiones y mermeladas. Los rosales de jardín descienden de especies como Rosa gallica o Rosa moschata. Durante el siglo XX los criadores se centraron en el tamaño y el color de la flor y, en algunos casos, perdieron aroma por el camino; muchas variedades antiguas huelen más que las modernas.
Plantación y poda
- En la costa mediterránea y en Andalucía, con inviernos suaves, puedes plantar desde el otoño. En la Meseta o en zonas de montaña conviene esperar a que pasen las heladas más duras.
- Necesita sol directo durante buena parte del día y un suelo suelto, con compost.
- Haz la poda principal al final del invierno, cuando las yemas empiezan a hincharse: quita primero la madera seca o dañada y deja los tallos sanos cortados sobre una yema que mire hacia fuera.
- En verano, riega al pie y a primera hora, sin mojar las hojas.
Con mascotas en casa
La ASPCA clasifica las rosas del género Rosa como no tóxicas para perros, gatos y caballos. Lo que sí puede dar problemas son las espinas, así que retíralas de los tallos bajos si el ramo queda al alcance de un animal curioso.