Croco y azafrán: ¿son lo mismo?
El género Crocus, de las iridáceas, reúne más de 80 especies, repartidas entre el norte de África, Europa y Asia, desde España hasta los Balcanes y el oeste de China. Algunas florecen en otoño, otras en invierno y otras en primavera. La más famosa es Crocus sativus, de floración otoñal, cuyos estigmas secos son el azafrán de la cocina.
Los de la ficha, que abren entre febrero y marzo, son crocos de primavera, como Crocus vernus y sus híbridos: flores de 8 a 15 cm de altura, sin valor culinario. Llamarlos «azafrán» es habitual en las tiendas de bulbos, pero conviene saber la diferencia.
En el jardín
No es un bulbo sino un cormo, y vuelve cada año si no lo molestas. Otras especies, como Crocus tommasinianus, se naturalizan con facilidad en el césped.
- Planta los cormos en septiembre u octubre, a unos 8 cm de profundidad.
- Busca sol y suelo drenado: la humedad los pudre.
- En el césped, siega solo cuando las hojas se hayan secado.
- Con sol las flores se abren del todo; con tiempo nublado quedan cerradas.
Son una de las primeras fuentes de polen para abejas y abejorros en los primeros días suaves.
Cuidado con el cólquico
Las especies de otoño pueden confundirse con el cólquico (Colchicum autumnale), llamado también azafrán silvestre o quitameriendas, mucho más tóxico: tiene seis estambres, el croco solo tres, y pertenece a otra familia.
Toxicidad
Según la ASPCA, el croco de primavera puede causar vómitos, diarrea y salivación en perros y gatos. Si alguien ha comido un cormo desconocido, llama al Servicio de Información Toxicológica o al 112; si es un animal, al veterinario.