La flor del final del invierno
El género Narcissus pertenece a las amarilidáceas y reúne entre cincuenta y ochenta y cinco especies, según el criterio de clasificación, además de decenas de miles de variedades registradas. Se originó en la cuenca mediterránea, y la península ibérica es una de sus áreas con más especies: desde los narcisos de los prados cantábricos y pirenaicos hasta los de ramillete de las costas del sur.
En castellano se conoce además como flor pato.
Todos tienen una corona o trompeta en el centro de la flor, y la forma de esa parte se utiliza para clasificar las variedades. El narciso amarillo clásico es Narcissus pseudonarcissus, una especie entre muchas.
Cómo se plantan
- los bulbos van en tierra bien drenada en otoño, entre septiembre y noviembre según la zona
- a una profundidad de unas tres veces su altura
- necesitan el frío del invierno, así que pasan la temporada fuera
- tras la floración, deja las hojas hasta que amarilleen, porque alimentan el bulbo para el año siguiente
Para un efecto natural, lánzalos a puñados y plántalos donde caen, en vez de alinearlos. También crecen bien en maceta si el agua escurre.
En el jarrón
Recién cortados, los narcisos segregan una savia mucilaginosa que marchita a las demás flores. Déjalos solos en agua unas horas y no recortes los tallos antes de mezclarlos en un ramo.
Tóxico, también para animales
Los bulbos y las hojas contienen alcaloides como la licorina. En personas pueden causar náuseas, vómitos y diarrea, y a veces se confunden con cebollas. Si se ha ingerido alguno, llama al 112 o al Servicio de Información Toxicológica. La ASPCA también los clasifica como tóxicos para perros, gatos y caballos; en ese caso, acude al veterinario.