La grandiflora, un árbol de parques
Magnolia grandiflora es nativa del sureste de Estados Unidos y se cultiva con frecuencia en parques, jardines y calles. Es un árbol de hoja perenne que puede superar los 30 metros, de copa piramidal y hojas coriáceas de un verde oscuro brillante. Sus flores, solitarias y fragantes, miden entre 15 y 30 centímetros y son de textura cérea.
Florece en verano y deja unas semillas de cubierta rojiza.
Otras blancas
Además de la grandiflora, hay magnolias blancas de hoja caduca, como Magnolia denudata, que junto con la liliiflora dio origen al híbrido Magnolia × soulangeana, de flores rosadas. Las magnolias son un linaje muy antiguo: sus flores evolucionaron para ser polinizadas por escarabajos, antes de que existieran las abejas.
La estrellada (Magnolia stellata) es un arbusto contenido, de flores blancas en forma de estrella. Florecen en primavera, antes que las hojas, y quedan expuestas a las heladas tardías: en la Meseta o en valles fríos conviene un rincón abrigado.
Dónde plantarla
Pide sol, un suelo fresco y profundo, y espacio: no es árbol para un patio pequeño. Las raíces son superficiales, así que evita cavar a su alrededor. En suelos muy calizos puede aparecer clorosis, con hojas amarillentas.
Seguridad
Según la ASPCA, la magnolia no es tóxica para perros, gatos ni caballos. No obstante, las hojas coriáceas pueden resultar indigestas, de modo que si tu mascota mastica muchas, consulta con el veterinario. Además, la grandiflora pierde hojas viejas en primavera, así que barrer el suelo evita que los animales las mordisqueen.