Una solanácea de Sudamérica
El género Petunia reúne unas 23 especies nativas de Sudamérica y pertenece a las solanáceas, la familia del tomate, la patata y el tabaco. Su nombre procede de una palabra indígena brasileña para el tabaco. La petunia de maceta no es una especie salvaje, sino un híbrido, Petunia × hybrida (también llamada P. × atkinsiana), que nació del cruce de la blanca Petunia axillaris con la violeta Petunia integrifolia.
Por eso el violeta es el color «de partida» de la petunia clásica. Hojas y tallos están cubiertos de pelos glandulares que dejan un tacto pegajoso, y las flores tienen forma de embudo.
Tres grupos para elegir
- Las grandifloras tienen las flores más grandes, pero la lluvia las estropea con facilidad.
- Las multifloras florecen más densas, con corolas menores, y aguantan mejor un chaparrón; útiles en la cornisa cantábrica.
- Las colgantes están pensadas para jardineras y cestas, y caen por el borde.
Cuándo y dónde plantarla
En su tierra es perenne, pero no resiste las heladas. En el litoral mediterráneo y en el sur puede ir fuera desde principios de primavera; en la Meseta o en zonas de montaña es mejor esperar a que pasen las últimas heladas, a menudo hasta mayo. Necesita al menos cinco o seis horas de sol directo al día.
- Riega a fondo cuando el sustrato esté seco, en vez de echar un poco cada día.
- Abona con regularidad: una floración tan larga gasta muchas reservas.
- Quita las flores marchitas para que no formen semillas.
- A finales de verano, recorta a la mitad los tallos largos y desnudos.
Con animales en casa
La lista de la ASPCA no incluye la petunia entre las plantas tóxicas para perros, gatos ni caballos. Al ser una solanácea, conviene no dejar que la mastiquen en cantidad y consultar al veterinario si aparecen síntomas.