La margarita de Canarias roja, un arbusto lleno de flores
La margarita de Canarias roja es la versión en tono rojo de Argyranthemum frutescens, conocida en español también como margarita leñosa o magarza. A diferencia de las margaritas de prado, no es una herbácea de tallo fino: se trata de un pequeño arbusto perenne de base leñosa que se cubre literalmente de capítulos florales.
Cada flor muestra un disco central amarillo rodeado de una corona de lígulas que, en esta variedad, adoptan un rojo cálido e intenso. Sus hojas, finamente divididas y de un verde algo grisáceo, forman una mata densa y ordenada que resulta atractiva incluso fuera de la floración.
Origen y temporada
Argyranthemum frutescens es una especie endémica de las islas Canarias, donde crece en riscos, laderas soleadas y zonas costeras. De ese origen subtropical proceden sus dos rasgos más característicos: florece durante muchísimo tiempo, de marzo a octubre en la península y casi todo el año en los climas suaves del litoral, pero no tolera el frío intenso.
Por debajo de cero grados sufre con facilidad, de modo que en el interior y en el norte se cultiva como planta de temporada o se protege durante el invierno. Es, con razón, la reina de los balcones y las terrazas en primavera.
Cultivo en maceta y jardín
Pide pleno sol —cuantas más horas de luz, más flores— y un sustrato ligero y muy bien drenado, porque el encharcamiento es su principal enemigo. Riega de forma regular en verano, dejando secar ligeramente la capa superficial entre riegos, y aporta abono para plantas de flor cada dos semanas durante la temporada.
Pinzar las puntas de los brotes jóvenes mantiene la mata compacta y multiplica los capítulos; tras la floración conviene una poda ligera, sin llegar a la madera vieja. En maceta grande alcanza entre 50 y 90 centímetros, aguanta bien el viento y la brisa salina, y atrae abejas y mariposas al jardín.
Cuidados del ramo y ocasiones
Como flor cortada, la margarita de Canarias roja dura entre 5 y 8 días. Corta los tallos en diagonal con un cuchillo limpio, retira las hojas que quedarían bajo el agua y añade conservante floral. Cambia el agua cada dos días y mantén el ramo lejos de radiadores, de la luz solar directa y de la fruta madura.
Su aroma es prácticamente inexistente, apenas un matiz herbáceo al manipular el follaje, lo que la hace muy adecuada para mesas de comedor, despachos y personas sensibles a los perfumes fuertes. Luce en ramos luminosos de cumpleaños, agradecimiento o felicitación, y combina de maravilla con eucalipto, lisianthus y gramíneas.