El rojo del final del verano
Cuando las rosas descansan y el calor empieza a ceder, la dalia roja toma el relevo en jardines, balcones y floristerías. El rojo de esta planta puede ser escarlata, granate o casi negro, según la variedad y la luz que reciba. Tradicionalmente el rojo se asocia con la pasión y la energía, y en un ramo de dalias aporta fuerza más que dulzura.
Una variedad histórica y muy citada es 'Bishop of Llandaff', de flor sencilla roja y follaje casi púrpura. Es un buen ejemplo de que una dalia roja puede lucir tanto por la hoja como por la flor.
Para el jarrón y para la fiesta
- tonos escarlata y naranja, para un ramo vivo de merienda al aire libre
- granate con hojas oscuras, para una decoración otoñal elegante
- acompañada de zinnias, rudbeckias o girasoles pequeños, que comparten época de floración
Corta el tallo cuando la flor ya esté casi abierta y mete los tallos en agua limpia; no esperes más de cinco a ocho días de duración. Retira cada día las hojas que queden por debajo del nivel del agua.
Cultivo sin complicaciones
La dalia roja pide sol, tierra fértil y buen drenaje. En el interior peninsular hay que esperar a que pasen las últimas heladas para plantar; en la costa mediterránea y en Canarias se puede adelantar bastante. Riega con generosidad en verano, pero sin encharcar, porque el tubérculo se pudre. Las variedades altas necesitan un tutor, sobre todo si sopla viento fuerte.
Para tener más flores, quita las marchitas y despunta la planta cuando alcance unos veinte o treinta centímetros. Al llegar el frío, el follaje se vuelve negro; es la señal para sacar los tubérculos y guardarlos a resguardo de las heladas.
Un aviso para dueños de mascotas
Según la ASPCA, la dalia puede causar a perros, gatos y caballos una irritación digestiva y cutánea de carácter leve. Aun así, es mejor que no la mordisqueen.