La calla, también conocida por su nombre latino Zantedeschia aethiopica, es una de las flores más elegantes e atemporales que existen. La calla clásica representa un símbolo de pureza y sofisticación que ha decorado hogares y jardines durante generaciones.
Una flor majestuosa con carácter único
La calla clásica se destaca por sus características flores blancas envueltas en una elegante espata en forma de trompeta. Esta estructura impresionante, que muchos creen erróneamente que es la flor en sí, es en realidad una hoja modificada llamada espata. Las flores verdaderas son pequeñas y discretas, agrupadas en el espádice amarillo en el centro.
Las hojas son tan impresionantes como la flor, con su color verde oscuro y forma de punta de flecha. Pueden llegar a medir hasta 40 centímetros de largo y crean un hermoso trasfondo para la elegancia de los espadices blancos.
Cultivo y plantación de calla
La calla prospera mejor en suelo húmedo, rico en nutrientes y con buen drenaje. La planta prefiere un lugar soleado a parcialmente sombreado donde pueda recibir suficiente luz para desarrollar sus magníficas flores. Al plantar es importante colocar los bulbos a la profundidad correcta, aproximadamente 10-15 centímetros bajo tierra.
La temperatura juega un papel decisivo en el bienestar de la calla. Como planta que requiere calor, necesita protección del frío y las heladas, lo que la hace perfecta como planta de maceta que puede trasladarse al interior durante los meses de invierno.
Riego y nutrientes para crecimiento óptimo
El riego regular es fundamental para la salud de la calla. La planta ama la humedad pero no tolera el agua estancada que puede causar pudrición en los bulbos. Durante la temporada de crecimiento la calla necesita riego abundante, especialmente cuando está floreciendo y desarrollando nuevas hojas.
Los nutrientes son igual de importantes que el riego. Una fertilización equilibrada aplicada regularmente durante la temporada de crecimiento ayuda a la planta a producir flores más numerosas y grandes. El compost orgánico o un fertilizante líquido bien balanceado funcionan excelentemente.
Floración y ciclo estacional
El período de floración de la calla se extiende típicamente desde finales de primavera hasta principios de otoño, dependiendo de las condiciones de cultivo. Cada flor puede mantenerse hermosa durante varias semanas, lo que convierte a la calla en una fuente duradera de alegría en el jardín o el hogar.
Después de la floración la planta entra en un período de reposo donde las hojas amarillean gradualmente y se marchitan. Esto es natural e indica que el bulbo se prepara para la próxima temporada de crecimiento.
Invernada y cuidados a largo plazo
En climas más fríos los bulbos de calla deben extraerse del suelo antes de la primera helada. Deben secarse y almacenarse en un lugar fresco y seco durante el invierno. Alternativamente, los ejemplares cultivados en maceta pueden trasladarse al interior y mantenerse en reposo con riego mínimo.
Con los cuidados adecuados, la calla puede florecer año tras año e incluso reproducirse formando nuevos bulbos. Esto la convierte en una inversión valiosa para todos aquellos que aprecian la elegancia clásica en su jardín.