Un rojo con matices
El color natural de la rudbeckia es el amarillo o el naranja, con el centro oscuro. Los tonos rojizos son obra de los criadores, sobre todo en Rudbeckia hirta, la especie de vida corta que se presta a la selección. Lo que se vende como rudbeckia roja suele ser un caoba, un cereza o un burdeos, a veces con la punta de los pétalos dorada.
Una variedad conocida de este tipo es 'Cherry Brandy'.
Por tanto, no esperes un rojo de amapola. Es un rojo cálido, con aspecto de terciopelo, que se enciende con el sol del verano.
Su papel en el jardín
El rojizo de esta flor es ideal para las últimas semanas de verano y el otoño, junto a gramíneas, salvias moradas o verbenas altas. Se ve bien en macetas grandes en una terraza soleada y funciona en un jarrón con ramas de otoño.
- Sol directo y un suelo que no se seque del todo.
- Riego regular en verano; en el interior y el sur, cada pocos días.
- Retira las flores pasadas para alargar la floración.
- Al final de la temporada deja algunas cabezuelas para los pájaros.
Floración y duración
Florece de julio a octubre. Como flor cortada, los tallos firmes duran entre siete y diez días en agua fresca. Quita las hojas bajo el nivel del agua y corta el pie en diagonal.
Detalles que ayudan
Al ser de vida corta, la rudbeckia roja se resiembra con facilidad o se renueva cada pocos años a partir de semilla. No es una planta que se conozca como tóxica, aunque es mejor no dejarla al alcance de perros y gatos que mordisqueen todo. Si ves algún síntoma, consulta con el veterinario.