Un rojo con carácter
Entre los gladiolos, el rojo es el más llamativo: sus espigas se ven desde lejos y no pasan desapercibidas ni en un salón grande ni en un jardín. El tono puede inclinarse al escarlata, al carmín o a un rojo oscuro casi granate. Tradicionalmente el rojo se asocia con la pasión y la intensidad, y combina con la idea de fortaleza que arrastra el gladiolo por su forma de espada.
Ideas para ramos
- con follaje verde oscuro, como el del laurel o el eucalipto
- con flores blancas redondas, que equilibran la verticalidad
- con dalias y zinnias en tonos cálidos, para un ramo de final de verano
- solos, en un jarrón alto de cristal, cuando el espacio es grande
Los tallos de gladiolo se hidratan bien con agua tibia al principio. Retira las hojas que queden bajo el nivel del agua y las flores marchitas de la base, y el resto seguirá abriéndose durante una semana o diez días.
Cultivo en el huerto y el jardín
Los gladiolos rojos funcionan muy bien al fondo de un parterre. Plántalos a cinco o diez centímetros de profundidad, con la punta del cormo hacia arriba, en una tierra suelta que drene. Con riego regular, sin encharcar, florecen a los dos o tres meses.
En zonas de inviernos fríos, como la Meseta, es mejor sacar los cormos al final del otoño. En el litoral mediterráneo, con inviernos suaves, algunos jardineros los dejan en tierra, aunque pueden pudrirse si llueve mucho.
Cormos y animales
Los cormos contienen sustancias que la ASPCA clasifica como tóxicas para perros, gatos y caballos. Guárdalos en una caja cerrada, y en caso de sospecha de ingestión, llama al veterinario.