La flor del viento
El nombre procede del griego ánemos, "viento", por la fragilidad de sus pétalos, que se mueven con cualquier soplo. El género Anemone pertenece a las ranunculáceas y agrupa decenas de especies del hemisferio norte. Bajo la palabra "anémona" se esconden sobre todo tres grupos: las de bosque, que florecen en primavera; la de floristería, Anemone coronaria, y las de otoño, de origen asiático.
La anémona de ramo
Anemone coronaria es originaria de la región mediterránea y mide entre 20 y 40 centímetros. Cada flor tiene de 3 a 5 centímetros de diámetro, con entre cinco y ocho pétalos que pueden ser azules, rojos o blancos. Se cultiva mucho como flor cortada y existen numerosos cultivares; los grupos más conocidos son De Caen y Santa Brígida.
El primero nació en la zona francesa de Caen y Bayeux en el siglo XVIII. En castellano recibe nombres como anémona de Caen, flor de Bruselas o anémona de jardín.
En el jardín
Los tubérculos se plantan en otoño, en un lugar soleado o de media sombra y con suelo que drene bien; la floración llega a finales del invierno y en primavera. Donde los inviernos son duros, como en la Meseta, es más prudente plantarlos en primavera, cuando ya han pasado las últimas heladas. Pon los tubérculos en remojo unas horas antes de enterrarlos.
Con cuidado en casa
En el jarrón aguanta entre cinco y ocho días, algo más en una habitación fresca. Cambia el agua con frecuencia y corta un poco los tallos: siguen creciendo y se curvan hacia la luz. Como todas las anémonas, contiene protoanemonina, irritante para piel y mucosas: lávate las manos después de colocar el ramo y no lo dejes al alcance de niños o de animales.
Ante cualquier ingestión, consulta con el Servicio de Información Toxicológica o con tu veterinario.