Sempervivo rosa: la roseta que lo aguanta todo
El sempervivo (Sempervivum) es una pequeña suculenta perenne de la familia de las crasuláceas que crece de forma natural en las montañas de Europa, también en los Pirineos y en Sierra Nevada, entre rocas y pastos pedregosos. Sus hojas carnosas se agrupan en rosetas regulares de dos a diez centímetros de diámetro.
En la variedad rosa toman tonos que van del rosa viejo al púrpura, más intensos a pleno sol y en los meses fríos. Su nombre significa "siempre vivo" y describe bien a una planta que soporta heladas, viento y largas temporadas sin lluvia.
Flores en forma de estrella
Al cabo de unos años, algunas rosetas emiten en verano un tallo de 10 a 20 centímetros con flores rosadas en forma de estrella. Tras la floración esa roseta muere, pero a su alrededor ya han crecido numerosos hijuelos que mantienen viva la colonia.
Cómo cultivarlo
El sempervivo necesita sol directo y un sustrato pobre y muy drenante: va muy bien una tierra para cactus mezclada con arena o grava. Riega solo cuando el sustrato esté completamente seco; en invierno, al aire libre, casi nunca hace falta. Su gran enemigo es el encharcamiento, no el frío, así que usa siempre macetas con agujeros.
Los hijuelos se separan con facilidad y se plantan para ampliar la colección.
Un regalo que dura años
Un cuenco de sempervivos rosas es un regalo original y prácticamente indestructible para quien tiene balcón, una rocalla o poco tiempo para cuidar plantas. Queda muy bien combinado con otras suculentas, sobre un muro de piedra o entre losas. El sempervivo no es tóxico para perros ni gatos.