Una flor de la pradera americana
Rudbeckia es un género de la familia de las compuestas, con una treintena de especies, casi todas de Norteamérica. Las flores se parecen a grandes margaritas: pétalos amarillos o naranjas que caen hacia abajo y una cabezuela central oscura en forma de cono. De ahí los nombres ingleses coneflower y black-eyed Susan.
Linneo la bautizó en honor de Olof Rudbeck padre e hijo, dos botánicos de la Universidad de Upsala.
Algunas son anuales o bienales, y otras perennes, con alturas que van de medio metro hasta los tres.
Las especies más vistas
- Rudbeckia hirta: de vida corta, florece mucho y se cultiva a menudo como anual.
- Rudbeckia fulgida, con la variedad 'Goldsturm': perenne fiable, muy plantada.
- Rudbeckia laciniata: perenne alta, útil al fondo del macizo.
No la confundas con la equinácea, otro género de aspecto parecido pero con flores rosas o púrpuras.
Cultivo en España
Le encanta el sol, aunque soporta algo de semisombra. Necesita un suelo que retenga humedad en verano y no se encharque en invierno. Florece de julio a octubre, cuando muchos jardines se apagan. En la Meseta y el interior agradece un riego regular durante el calor; en el norte lluvioso rara vez necesita más.
Planta las perennes en primavera y divide las matas grandes cada pocos años.
Déjala secar
Si cortas las flores marchitas, alargas la floración. Pero al final de la temporada deja algunas cabezuelas en pie: sus conos oscuros adornan el jardín en invierno y a los pájaros les gustan las semillas. Las abejas y mariposas visitan las flores durante el verano.
No se conoce como planta tóxica, pero tampoco conviene que los animales la mordisqueen. Como flor cortada, sus tallos firmes aguantan de siete a diez días en agua.