Una pequeña espada
El nombre Gladiolus procede del latín y significa espada pequeña, por las hojas estrechas y puntiagudas. No es un lirio, aunque a veces se le llame así: pertenece a las iridáceas, la familia de los iris. El género reúne unas doscientas cincuenta especies, la mayoría del sur de África. En la península crece de forma espontánea el gladiolo silvestre, Gladiolus italicus, que se ve entre los cultivos de cereal y en los bordes de los campos.
Los gladiolos grandes de floristería, en cambio, son fruto de siglos de selección.
Cormo, no bulbo
La planta nace de un cormo, un órgano de reserva redondeado. A su alrededor aparecen cormillos que tardan varios años en florecer. Las variedades de flor grande no resisten el frío del invierno, así que se plantan en primavera, a cinco o diez centímetros de profundidad, a pleno sol y en tierra suelta.
Si quieres flor durante todo el verano, plántalos de forma escalonada, cada una o dos semanas, entre marzo y junio.
Cuando las hojas amarillean en otoño, saca los cormos, déjalos secar y guárdalos en un lugar sin heladas. Los tallos altos necesitan tutor en zonas ventosas.
En el jarrón
En un ramo, el gladiolo aporta la línea vertical: coloca los tallos largos atrás y rellena delante con flores redondas, como rosas o dalias. Elige tallos con la primera flor abierta en la base y el resto en capullo; se irán abriendo en unos siete a diez días. Puedes recortar la punta del tallo, con los capullos más altos, si quieres que se abran mejor los de abajo.
Animales
Según la ASPCA, el gladiolo es tóxico para perros, gatos y caballos, sobre todo el cormo. Guarda los cormos en una caja cerrada, lejos de las mascotas.
Una curiosidad final: aunque a veces se les llame lirios de espada, los gladiolos no son azucenas ni lirios verdaderos, que representan un peligro mucho mayor para los gatos.