Geranio o pelargonio
Casi todo lo que se vende en España como geranio es en realidad un pelargonio. Ambos pertenecen a la familia de las geraniáceas, pero son géneros distintos: Linneo los agrupó al principio bajo Geranium y a finales del siglo XVIII el botánico Charles L'Héritier los separó. El pelargonio procede sobre todo del sur de África, una región de calor y sequía, y de ahí que no soporte el hielo.
El nombre viene del griego pelargós, cigüeña, porque el fruto recuerda a un pico de cigüeña.
Para distinguirlos mira la flor: en el pelargonio es simétrica solo de un lado, mientras que en el geranio verdadero es regular y redonda.
Los grupos principales
- zonales, de hojas casi redondas, a menudo con un anillo oscuro: la planta clásica de balcón
- de hiedra o colgantes, con hojas brillantes y tallos caídos
- regal o de flor grande, con pétalos arrugados y más delicados con la lluvia
- aromáticos, que se cultivan por el olor de las hojas
Sol, poca agua y un invierno sin hielo
El geranio quiere mucha luz y aguanta bien la sequía, de ahí su fama en balcones y patios del sur. Riega con moderación, cuando el sustrato esté seco por encima, y retira las flores pasadas para que siga floreciendo de primavera a otoño.
En el interior frío y en zonas de montaña, saca las macetas solo cuando haya pasado la última helada y recógelas antes de la primera, en un lugar fresco y luminoso con muy poca agua. También puedes cortar esquejes a finales del verano y pasar el invierno con ellos junto a una ventana. En la costa mediterránea y en Canarias muchas veces aguanta fuera todo el año.
Si tienes animales
La ASPCA incluye al geranio entre las plantas tóxicas para perros, gatos y caballos. Entre los efectos que menciona están los vómitos, la pérdida de apetito, el decaimiento y la dermatitis. Si tu animal ha mordido hojas, consulta al veterinario.