Una trepadora que se agarra con los peciolos
El género Clematis, la clemátide, reúne más de 200 especies silvestres y cientos de variedades de jardín. La mayoría son lianas leñosas que trepan enroscando los peciolos de las hojas alrededor de un soporte. Por eso no suben por una pared lisa: necesitan enrejado, alambres, una pérgola o un arbusto por el que enredarse.
Lo que parecen pétalos son en realidad sépalos de colores.
Poda según el grupo
El momento de podar depende de cuándo florece la variedad, y la etiqueta suele indicarlo.
- Grupo 1: florece en primavera sobre madera del año anterior. Casi no necesita poda; solo recorta tras la floración.
- Grupo 2: híbridos de flor grande que florecen a principios del verano. Poda suave a final del invierno, hasta una yema vigorosa.
- Grupo 3: de floración tardía, sobre brotes nuevos. Poda fuerte a final del invierno, hasta el par de yemas inferiores.
Una regla sencilla de la RHS: si florece antes de junio, no se poda; si florece desde finales de junio, se poda a final del invierno.
Cabeza al sol, pie a la sombra
La clemátide quiere luz en las flores y frescor en las raíces. En el sur y en el litoral mediterráneo, donde el verano es duro, cubre la base con piedras, corteza o plantas bajas y riega en profundidad. En el Cantábrico y en Galicia, la humedad le favorece siempre que el drenaje sea bueno. En la Meseta tolera bien el frío del invierno una vez establecida.
Savia irritante
La planta contiene protoanemonina. Según la ASPCA, es tóxica para perros, gatos y caballos, con babeo, vómitos y diarrea. Usa guantes al podar y, si un niño ha ingerido partes de la planta, consulta con el Servicio de Información Toxicológica.