Un género enorme de origen tropical
El género Begonia reúne más de mil quinientas especies, casi todas de regiones cálidas y húmedas de América, África y Asia. Su nombre recuerda a Michel Bégon, un intendente francés del siglo XVII al que el botánico Charles Plumier dedicó el género. Entre las plantas de jardinería, pocas se reconocen tan rápido: las hojas son asimétricas, con un lado más grande que el otro, y cada planta lleva flores masculinas y femeninas separadas.
Las femeninas se distinguen por un pequeño ovario alado, en forma de triángulo, justo debajo de la flor.
Los grupos que más verás
- begonias de flor perpetua o semperflorens: bajas, con muchas flores pequeñas, para jardineras y bordes
- begonias tuberosas: flores grandes, a veces dobles, y un tubérculo que descansa en invierno
- begonias elatior: de maceta, pensadas para tener flor en interior
- begonias rex: se cultivan por la hoja, con dibujos de plata, rojo o violeta
Luz, riego y clima
A la mayoría le sienta bien la media sombra, porque el sol de primera hora de la tarde quema las hojas. Por eso funcionan en patios, balcones orientados al norte y terrazas con toldo. En el Cantábrico y Galicia, con humedad y luz suave, crecen casi sin ayuda; en Andalucía y el Levante pide sombra y riegos más frecuentes en verano.
Riega con moderación, sobre el sustrato y no sobre las hojas, para evitar el oídio. El exceso de agua pudre el tubérculo en pocos días. Ninguna begonia aguanta una helada: en la Meseta, sácala a la calle cuando haya pasado el frío nocturno. Las tuberosas se guardan en invierno secas, en un sitio fresco y sin hielo.
Si tienes animales
La ASPCA considera la begonia tóxica para perros, gatos y caballos. Los responsables son los oxalatos de calcio, más concentrados en las partes subterráneas. En perros y gatos provocan salivación y vómitos. Guarda los tubérculos fuera de su alcance y llama al veterinario si sospechas que han comido algo.