Blanca en la naturaleza y en el vivero
La mayoría de las lilas florecen en tonos violeta, pero incluso la especie silvestre tiene ejemplares blancos. Los viveristas han creado además cultivares blancos de flores dobles y racimos compactos. El más famoso es 'Madame Lemoine', de la casa francesa Lemoine, con flores dobles y perfumadas que salen de capullos amarillentos, y hojas verdes en forma de corazón.
El arbusto llega a 2,5-4 m de alto y ancho, pero tarda de diez a veinte años. Ha recibido el Award of Garden Merit de la Royal Horticultural Society.
Si prefieres un tono más cálido que el blanco puro, busca 'Primrose', con flores color crema de un ligero matiz amarillo.
Quita las flores secas
En la lila blanca, las panículas secas se notan porque se vuelven marrones contra el verde. Córtalas nada más acabar la floración, justo por encima del primer par de hojas. Así la planta no gasta energía en semillas y el resto del verano se ve más limpia. Si además quieres darle forma, hazlo en el mismo momento para no quitar los brotes del año que viene.
El lugar adecuado
- Sol pleno y suelo drenado, no ácido.
- Algo de distancia de la pared para que circule el aire.
- Un punto desde el que se huela desde la casa o la terraza.
Comuniones y celebraciones
En el lenguaje de las flores el blanco habla de pureza, y las ramas de lila blanca son una decoración primaveral tradicional para comuniones y bautizos, siempre que florezcan a tiempo. Corta temprano, quita buena parte de las hojas y pon las ramas en agua fría. La lila común no figura entre las plantas tóxicas de la ASPCA.