Una flor hecha de muchas flores
La gerbera pertenece a las asteráceas, la familia de la margarita, y de ahí viene su aspecto. Lo que a simple vista es una flor grande es en realidad un capítulo: los «pétalos» de colores son flores liguladas y el disco central reúne una multitud de flores tubulares muy pequeñas.
Es originaria del sur de África, de ahí que se llame también margarita del Transvaal. El género recuerda al naturalista alemán Traugott Gerber, amigo de Linneo. Las gerberas de floristería no son una especie pura: proceden de cruzar dos especies sudafricanas, Gerbera jamesonii y Gerbera viridifolia.
Colores, tamaños y fama
Existen miles de cultivares, con flores blancas, amarillas, naranjas, rojas, rosas o moradas, y el centro a veces es casi negro. Las minigerberas rondan los 7 cm de diámetro; las más grandes llegan a unos 12. Según la Wikipedia, es la quinta flor de corte más utilizada del mundo, por detrás de rosas, claveles, crisantemos y tulipanes.
La versión «clásica» es la mezcla multicolor, la que se ve en cualquier ramo alegre de primavera o verano.
Que no se doble el tallo
El fallo típico de la gerbera es que la cabeza cuelga. Estudios de la Universidad de Wageningen sitúan el punto débil entre 10 y 15 cm por debajo de la flor, donde se evapora más agua de la que sube. Ayuda esto:
- Corta el tallo en diagonal antes de ponerlo en el agua.
- Usa un jarrón bien fregado y echa solo unos centímetros de agua.
- Colócala en un sitio fresco, lejos de radiadores, corrientes y sol directo.
Con estos cuidados aguanta de 7 a 10 días.
En maceta y con mascotas
Como planta de terraza pide mucha luz y riego moderado, y no soporta las heladas: en la Meseta o en zonas de montaña conviene guardarla dentro en invierno, mientras que en la costa mediterránea suele pasar el año a la intemperie. La ASPCA la considera no tóxica para perros, gatos y caballos, aunque comer mucha cantidad puede sentar mal al estómago.